Desordenes de Creatividad

Descubrí hace mucho que a menudo me siento más útil cuando no me meto. Mi servicio es el silencio. Mi contribución es no ser un obstáculo para aquellos que sí saben lo que están haciendo; para aquellos que tienen entendimiento, perspectiva, y sabiduría; para aquellos que tienen voces - para aquellos que importan.

Nunca he padecido de una desorden alimenticia, pero me fascina leer sobre ellas. Aunque los síntomas no están presentes en mi vida, algo mucho más profundo me vincula a ellas. Si investigas un poco sobre la anorexia, por ejemplo, hallarás un deseo común entre todos los víctimas: el deseo de desaparecer.

Artículo tras artículo, charla tras charla se comenta acerca de cómo estos hombres y mujeres luchan contra el mero espacio que ocupan en este mundo físico. El anhelo de menguar, ceder, envolvernos de silencio.

Infortunadamente he visto a muchos de nuestros jóvenes padeciendo de algo similar. No es que tengan una relación no saludable con la comida - no se niegan a nutrir sus cuerpos -, sino no se permiten a si mismos enriquecer las vidas de los que les rodean con sus talentos, sus historias, sus voces. Se conforman con consumir cuando podrían crear. Se conforman con el silencio cuando la expresión podría cambiar el rumbo de la historia. Resisten la posibilidad de hacer un impacto por el miedo a fracasar. Estos jóvenes no padecen no de desordenes alimenticias sino algo más como una desorden creativa.

Así como he sentido en mi propia vida, he visto a jóvenes excluirse debido al miedo. Muchos tienen miedo a crear algo que ocupará espacio, algo que proviene de su propia mente o propio corazón, y que será visto, o escuchado o experimentado desde un punto de vista ajeno. Estos jóvenes se censuran. Se retiran. Dejan el arte a los verdaderos artistas - a aquellos cuyas voces importan.

Sin embargo, al callarnos y retirarnos, ¿estamos haciendo el bien? ¿Podríamos estar haciendo daño?

Así cree Steven Pressfield. En La Guerra del Arte, exhorta a sus lectores: «La obra creativa no es un acto egoista o para llamar la atención de parte del obrero. Es un regalo al mundo y a todo ser en él. No te guardes tu contribución. Danos todo lo que tienes.»

Desde el comienzo de Soñadores, el programa de artes, en febrero, he sido impresionado y animado por la valentía de los estudiantes que han aceptado el desafío de darnos lo que tienen. Con cada proyecto completado, nos están dando a todos un vistazo del mundo desde sus perspectivas. Nos están dando sus voces. Y en los momentos hermosos, y poderosos, cuando esas voces nos retan, aun nos dan el regalo de que se meten.

Marissa Thornberry - SubDirectora de UrbanTrekkers Honduras y Directora de Soñadores