El Potencial de Fabricio

Me acuerdo de cuando conocí a Fabricio por la primera vez en Camp Ágape. Era un alumno de kinder altamente energético y algo agresivo. Me recibió al campamento con un puñetazo, el cual a su baja altura resultó un golpe muy infortunado para mí.

Supongo que mucho puede cambiar de un año al otro. Pasé un día en Camp Ágape a principios de este años y Fabricio parecía como un niño distinto. No cabe duda de que todos los niños tienen días buenos y malos, pero en este día en particular me acordé del por qué existe UPH y de lo que realmente es nuestro trabajo.

La tarea de Fabricio era simplemente copiar una frase corta 10 veces para practicar su ortografía. Olvidaba un punto por acá, no ponía un acento por allá, pero al terminar copiaba bien la frase y ya no se equivocaba como aprendió tomar su tiempo. En un momento escribió una letra ’e’ particularmente bonita y lo detuve al terminar la frase para destacarle lo hermosa que estaba esa ‘e’ en comparación con las demás que había escrito. Pero yo había dejado las demás porque no me di cuenta de que él era capaz de una ‘e’ tan bonita. Al inicio estaba muy decepcionado porque pensaba que le iba a pedir que borrara las demás y que las hiciera nuevamente, pero solo pedí que se enfocara en hacer más letras iguales, resaltando el hecho de que los dos sabíamos que él lo podía.

Mi lección en ese momento fue ver que lo que se hace en UPH es celebrar los momentos en los cuales un niño (o joven) descubre su potencial verdadero y animarle a repetirlo. Después de todo, eso es la primera parte de nuestra misión: «Inspirar a los niños y jóvenes de Honduras a realizar su potencial… »

No solo queremos señalarles estándares muy altos, a los cuales no se pueden relacionar, sino enfocar su atención en las cosas que ya están haciendo bien, y proponerles metas que pueden lograr.

Aunque UPH ofrece programas para niños y jóvenes de Copán, yo creo que el plan de Dios es más amplio que eso, y que Él usa a los niños para ofrecernos experiencias de aprendizaje a nosotros como ‘adultos’. Ese mismo día recibí un reto.

Hubo un momento cuando la Directora del campamento pidió un voluntario que orara antes de empezar el campamento. Lo que me llamó la atención fue que no solo unos 2 o 3 niños  ‘santitos' levantaron sus manos sino un 80% de los niños. Entre las manos, vi la de Fabricio; la misma que me pegó en un área delicada el año anterior. Sus ojos transmitían un entusiasmo que quizás solo posean los niños mientras gritaba «Yo no he orado! Yo no he orado!»

¡Qué buena llamada de atención para mí! No puedo pensar en un momento en la iglesia cuando he tenido tantas ganas de orar. La verdad es que Jesús tenía razón cuando dijo que «el reino de los Cielos pertenece a los que son como estos.» [Mateo 19:14]

 

Hugh Stacey - Director Ejecutivo