El valor de una sonrisa

Muchas veces vamos por la vida afanados sin descansar, pensando en las muchas responsabilidades que tenemos, pero si hacemos un stop y reflexionamos cuanto Dios nos ha amado y ha tenido misericordia de nosotros podemos regalarle una sonrisa a él para agradecerle por su amor y bondad.

De la misma forma, podemos regalar una sonrisa a las personas que nos encontremos por el camino. Aunque nosotros no recibamos una, tendremos la satisfacción de hacerlo nosotros. Una sonrisa sincera es el mejor regalo que alguien puede recibir en todo tiempo. Aunque nosotros no conocemos las situaciones en que vive cada uno, al sonreír estamos mostrando el amor de Dios y que esa persona es muy importante y especial. Aunque sintamos que el mundo se nos está viniendo encima, esa sonrisa nos demuestra que hay una esperanza.

Lo puedo ver en los niños del campamento porque a veces llegamos cansados y estresados y lo primero que ellos hacen al llegar es abrazarnos y regalarnos una sonrisa sincera, y eso no tiene precio. Ese es el momento en que pensamos: “yo estoy aquí porque soy un propósito de Dios y soy útil para servir a estos maravillosos niños que lo necesitan mucho”.

Una sonrisa es más valiosa que una joya fina, más valiosa que un auto último modelo, más valiosa que una máquina de hacer dinero. Es como un tipo de energía que se nos transmite en todas las partes de nuestro cuerpo y hace una reacción muy bonita que no podemos explicar.

Por esa razón no debemos dejar de sonreír en ningún momento. Los científicos dicen que reír es la mejor medicina para mantenernos jóvenes y fuertes.

 

Lucinda Ardon - Subdirectora de Camp Hope