Fe que mueve montañas

Durante mi tiempo en UPH he tenido muchas experiencias únicas. Hace poco tuvimos nuestro último retiro de jóvenes del año 2017. Participó el grupo de jóvenes que trabajan en los camps.   

Uno de nuestros objetivos principales era hacer una actividad de servicio, ya que en nuestra cultura no se practica tanto el hacer voluntariados o dar nuestro servicio por los demás y es algo que queremos que nuestros jóvenes aprendan, por lo que planificamos una visita al hospital Mario Catarino Rivas en la ciudad de San Pedro Sula, específicamente al área de oncología donde se encuentran los niños que padecen cáncer. Solo el hecho de escuchar las palabras “niños con…” una enfermedad tan terrible conmovió mi corazón, ya que yo me imagino siempre los niños felices, jugando, corriendo y con mucha energía, no en una cama de hospital totalmente mal de salud y sin ánimo de nada.

Lastimosamente eso fue lo que encontramos en la sala de ese hospital: niños de todas las edades, pequeñitos (2 añitos), medianos, adolescentes sufriendo. Mi voz se entrecortaba al hablar con sus madres que estaban sentadas al lado de sus hijos sin importar cuantos días llevaban allí, y verlas pasando por una situación tan difícil con sus pequeños al lado en una camilla acostados y conectados a suero u otros medicamentos viéndose totalmente mal de salud. Algunos de estos niños están en salas de aislamiento por su delicado estado de salud y por estar tan bajos de defensas.

Y es allí donde uno pone a andar su fe y oramos a Dios de todo corazón junto con cada madre, por sanidad para estos niños que no tienen ningún tipo de culpa o razón de por qué estar así, concientes que solo la fe mueve ese tipo de montañas de enfermedad porque no importa cuánto dinero puedas tener o cuan pobre seas, solo Dios puede dar la sanidad, la fuerza y la salida a esos niños y sus familias.

Luego los jóvenes entregaron una tarjetita, pulseras y figuras con globos que habían hecho para compartir con ellos; y esos detallitos robaron aunque sea una pequeña sonrisa de la carita de aquellos niños .

Y es allí donde te das cuenta de la importancia de la salud que posees tú y los tuyos. En ese momento solo sentí un corazón agradecido y conmovido por lo que mi familia y yo tenemos y no hablo de lo material, sino de la bendición de poder tener salud.

A la vez me pregunté, “¿Qué estoy haciendo?” Hay tanta gente con necesidad en los hospitales y somos apáticos muchas veces a esa necesidad por el hecho de no tener un hospital cerca, o estar ocupados en nuestros trabajos, o muchas otras razones que podemos pensar. Sin embargo, en Mateo 25:33-43, Dios nos exhorta a visitar a los enfermos y a los presos, a ayudar al que no tiene y dar sin esperar nada a cambio, ya que es lo que agrada el corazón de Dios. “No se cansen de hacer el bien” (Hebreos 13 :16).

Esto me motiva a dar aún más—no importa cuánto—dar apoyo espiritual, para pedir por fuerzas y salud por aquel que no las tiene; y yo sé que Dios es fiel y justo para suplir nuestras necesidades.

 

Carmen Aquino - Directora de Programa de jóvenes