Hablando en esperanza

Nuestro programa escolar comenzó hace poco, y ya estoy recordando por qué es tan divertido trabajar con niños y como ellos demuestran la fe que sería de beneficio para muchos adultos.

La semana pasada visité Camp Ágape para compartir una opción con los niños. Decidí llevar mi guitarra a camp, imprimir unas canciones, y simplemente divertirnos cantando juntos. Todo, básicamente, salió según el plan y me animó verlos salir de esa clase cantando las canciones que habíamos aprendido.

El recordatorio que mencioné antes llegó al inicio de la clase. Tenía a mi lado un gran estuche con forma de guitarra, y les pregunté, “¿Quién puede adivinar de qué vamos a aprender hoy?” Asumí que sería muy obvio, y tenía un chiste preparado para el momento cuando gritaran “guitarra”...pero no dijeron “guitarra.” Dijeron, “¡Magia!” Tengo muchos pasatiempos, pero obviamente el que los niños más recuerdan siempre es la magia.

Me reí yo solo, pensando en el gran estuche con forma de guitarra que decía que estaban equivocados, pero después me conmovió poder recordar que los niños a veces dicen lo que quieren, no lo que ven. Me vieron subir la cuesta llegando a campamento con una guitarra y, no sé cómo, pero asumieron: show de magia.

La fe funciona así—no hablas de lo que ves, sino de lo que esperas. Me encantaría ver que se acercaba una tormenta y regocijarme en la luz de sol que está por venir, o entrar una reunión de presupuestos creyendo que estuviera llegando a un concurso de comer donas. Pensando en cosas más significativas, me encantaría ver a los enfermos y tener fe que se sanarán. Me encantaría ver una “causa perdida” y percibir una vida de propósito. Me encantaría ver al mundo como debería ser, no como es. Me encantaría tener la fe de un niño. 

 

Hugh Stacey - Director ejecutivo