Sí, Y

En un lapso de 60 segundos, mis nervios se transformaron en asombro. Íbamos por la mitad de la agenda en nuestro cierre del programa de Soñadores el año pasado, y el ambiente se ponía más tenso con el aumento de nuestro nerviosismo. Durante meses habíamos ensayado dramas, aprendido de la actuación y la estructura de las historias, y practicado lo que nos tenía más ansiosos—la improvisación.

Teatro improvisado, para los que no saben, es actuar sin guiones, inventando la historia en el momento. Improvisación en sí es bastante difícil, ya que no hay forma de ensayar ni prepararse antes. Pero para este grupito de jóvenes de 12 y 13 años, sabía que sería un mayor reto todavía—en especial porque antes del evento, esta era la parte que pedían que quitáramos. (“¿Podemos hacer improvisación pero...sin improvisar?”)

Improvisar es algo que a muchas personas, por naturaleza, no nos gusta. Nos ponemos defensivos y miedosos. Pensamos, “¿Qué tal si digo algo tonto, o algo que revela mis defectos?” Pero eso es lo hermoso del teatro improvisado. Todos somos quebrantados, y necesitamos la unidad de reconocerlo juntos. Necesitamos que alguien lo exprese. Necesitamos que alguien tome el riesgo.

Reina y Elisa son hermanas que han sido las más dedicadas y consistentes en Soñadores desde que el programa comenzó. También son un poco reservadas, y por eso no estaba muy segura de cómo iba a salir su segmento de improvisación.

Pero durante ese minuto, todo el salón cobró vida.

Reina y Elisa, inventando su anuncio loco de un producto ordinario sugerido por el público, superaron nuestras expectativas. Nunca las había visto tan cómodas y con tanta confianza frente a un público.

Tres meses después, nos sorprendieron aún más. En la segunda semana de febrero, tuvimos una reunión para jóvenes interesados en Soñadores. Llegaron Reina y Elisa, fieles como siempre, y luego vinieron cinco jóvenes más, de 10 a 13 años.

Como parte de la reunión, incluimos una actividad en la que los jóvenes tuvieron que inventar canciones basadas en una palabra. Yo pensaba que iban a deliberar en sus equipos y pedir más tiempo para inventarlas. Pero una vez más estuve asombrada cuando, segundos después de darles la primera palabra, Reina corrió al frente y cantó su letra espontánea con toda su voz frente a los nuevos participantes. Elisa, motivada en parte quizás por la idea de competir con su hermana, fue la siguiente en saltar de su silla para cantar su canción loca.

Fue gratificante ver que las habilidades que Reina y Elisa habían desarrollado en Soñadores el año pasado no habían desaparecido, sino que se habían fortalecido aún más. Muchas veces nos sentimos desanimados pensando en si nuestro esfuerzo diario tiene algún impacto o no, pero lo que no reconocemos es que, aunque no veamos los frutos de nuestro trabajo inmediatamente, hay raíces creciendo en lugares ocultos.

Sin embargo, lo que más me emocionó de ese momento de improvisación fue que el ejemplo que dieron las chicas de creatividad y coraje rápidamente inspiró a los demás a poner todo su esfuerzo y energía también. En vez de esperar a que alguien les motivara a ellas, actuaron en ese momento e inspiraron a los demás. En vez de decir “no” al riesgo, pusieron en práctica la clave de la improvisación, diciendo “sí, y.” En la misma manera que Dios toma nuestros defectos y transforma nuestras vidas en algo hermoso, ellas tomaron el reto que se les dio y crearon algo de él.

Y en un mundo lleno de retos, ¿qué más podríamos pedir?

 

Marissa Thornberry - Directora de Soñadores/Comunicaciones