Let Us Not Grow Weary

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As humans, we tend to get bored and discouraged easily. Anyone who has set out to work on an extensive project would be lying if they said they felt 100 percent positive about what they were doing the entire time.

Three years ago, after working two summers with our bilingual camps, I returned to Copán to start an arts program; and this February I got to see it come to life in a new way with the first ever Camp Creation, a month-long arts camp including guitar and drawing classes, snacks, games, and devotionals.

The goodness of the camp, however, did not guarantee my lasting excitement. After three weeks, I was tired. I was discouraged. I was even a little bored. I wondered if what we were doing was really worth it.

Then Karen, a youth who was teaching the guitar class, asked me if I could accompany the guitar students on clarinet for their final performance.

Those few days of practicing with them silenced the doubt I had about the meaningfulness of our work.

The experience brought me back to when I played in my high school band. All the time spent rehearsing, studying the part, coordinating with and relying on the rest of the group to make something beautiful—even the sore muscles and the feeling of being out of breath—it all adds up to something great. And I don’t just mean the performance.

 Beyond being able to play a nice song, all the hours of practice our kids put in during Camp Creation trained them in discipline, creativity, teamwork, and perseverance. Learning a creative skill plays a strong part in helping them grow not just as musicians or artists, but as people.

From the perspective of director, it was easy for me to know this but harder to feel it and believe it. But when I put myself in the place of a child, joining them in their learning, their frustration, their satisfaction, I experienced with them, as if for the first time, the incomparable joy of creating together. I saw proven what I had long believed in theory but often doubted after years of practice: that the mere act of providing the space and the structure to create can open us up to a whole new way of seeing the world.

I know I am not the only one who has experienced fatigue and doubt even when doing good work. It happens to all of us, but sometimes all it takes is getting a little closer and seeing things from a different angle to be able to follow Paul’s advice: “Let us not become weary in doing good, for at the proper time we will reap a harvest if we do not give up” (Galatians 6:9).

Marissa Thornberry - UrbanDreamers & Communications Director

No Nos Cansemos

Como humanos, tendemos a aburrirnos y desanimarnos fácilmente. Cualquier persona que ha trabajado en un proyecto extensivo estaría mintiendo si dijera que se sentía 100 porciento positivo con su trabajo todo el tiempo.

Hace tres años, después de dos veranos trabajando con nuestros campamentos bilingües, regresé a Copán para iniciar un programa de arte; y este febrero, lo vi con nueva vida cuando ejecutamos el primer Camp Creación, un campamento de arte de un mes, incluyendo clases de guitarra y dibujo, merienda, juegos, y devocionales.

Lo bueno que era el campamento, sin embargo, no garantizó mi emoción duradera. Después de tres semanas, estaba cansada. Estaba desanimada. Incluso estaba un poco aburrida. Me preguntaba si lo que estábamos haciendo de verdad valía la pena.

Pero en esos días Karen, la joven que estaba enseñando la clase de guitarra, me preguntó si podía acompañar a los alumnos de guitarra tocando clarinete para la exhibición final.

Practicar con ellos esos pocos días silenció la duda que tenía con respecto al valor de nuestro trabajo.

La experiencia me recordó a cuando tocaba en la banda en la secundaria. Todo el tiempo que pasamos practicando, estudiando las notas, coordinando con y dependiendo del resto del grupo para hacer algo hermoso—incluso los músculos fatigados y la sensación de ya no poder respirar—todo crea algo más. Y no solo estoy hablando de la canción.

Más allá del poder tocar una bonita canción, todas las horas que nuestros niños practicaban durante Camp Creación los entrenó en disciplina, creatividad, trabajo en equipo, y perseverancia. Aprender una habilidad creativa les ayuda mucho a crecer no solo como músicos o artistas, sino también como personas.

Desde la perspectiva de directora, fue fácil para mí saber esto, pero me costó más sentirlo y creerlo. Pero cuando me puse en el lugar de un niño, uniéndome a su aprendizaje, su frustración, su satisfacción, experimenté, como que fuera por primera vez, el gozo incomparable de crear juntos. Vi comprobado lo que desde hace mucho creía en teoría, pero que dudaba después de años de práctica: que el simple hecho de proveer el espacio y la estructura para crear nos puede abrir a una nueva forma de ver el mundo.

Sé que no soy la única que ha experimentado fatiga y duda aunque esté trabajando en cosas buenas. Nos pasa a todos, pero a veces lo único que necesitamos es acercarnos un poco más y ver las cosas desde otro ángulo para poder seguir el consejo de Pablo: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos” (Gálatas 6:9).

Marissa Thornberry - Directora de Soñadores y comunicaciones

Blair Quinius