Valuing the Process

Every day I am surprised by the impact the AfterSchool Program has on our children and how that positive impact also affects us as staff. During one of my visits to Camp Vida, I had the opportunity to spend time with Edin, a boy in fourth grade. He came to homework time, and everyone told me they were working on an album of leaves that they had to present the following week. It reminded me of my time in school when I had to make albums.

 

The minutes went by and the kids worked hard on their albums, but it was still a lot of work for them, and they had to continue the next day. Edin is a quiet child that needed some help in order to maintain the same rhythm as his classmates. The next day, there we were, continuing the work until it was finished.

 

Finally the album was ready to be turned in. That day, Edin was selected as the kid of the day at camp. His diligence and endurance had been an example for the other kids. All I could do was thank God for giving me the amazing opportunity to celebrate his triumph and share that time with him, learning along with him about the classification of leaves—something that may seem simple but that for him and his classmates represented a valuable learning process.

 

As non-program staff, I am not in camp every day, but it is definitely a huge blessing every time I visit. The kids are loving, I learn with them, I remember my childhood, and, above all, I can see God’s glory in each one of them and in their constant process of learning and growth. It is also wonderful to see the great work that the directors and youth do, always serving the little ones and doing everything for the honor and glory of our Lord.

Silvia Alvares - Administrator

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El valor del proceso

Cada día me sorprendo del impacto que el programa escolar tiene sobre nuestros niños y ese impacto positivo también llega a nosotros como staff. En una de mis visitas a Camp Vida, tuve la oportunidad de compartir con Edin, un niño de cuarto grado. Llegó la hora de tareas y todos me comentaban que estaban trabajando en un álbum de hojas que debían presentar la siguiente semana. Recordé mis tiempos en la escuela cuando también tenía que hacer álbumes.

 

Transcurrieron los minutos y se logró avanzar, pero aun así era mucho y debían continuar al siguiente día. Edin es un niño un poco callado que necesitaba acompañamiento para que siguiera el ritmo de sus otros compañeros que también hacían el álbum. Al siguiente día allí estábamos, continuando la labor hasta terminarla.

 

Finalmente el álbum estaba listo para entregarse. Ese día, Edin fue el niño del día de camp. Había sido un ejemplo para los demás por su diligencia y perseverancia. No pude más que agradecer a Dios por darme esa maravillosa oportunidad de celebrar su triunfo y poder compartir ese tiempo y, así como él, aprender de la clasificación de las hojas, algo que pudiese parecer simple o sin utilidad pero que para él y para sus compañeros representaba un valioso conocimiento aprendido.

 

Como staff no programático, no estoy a diario en camp, pero definitivamente es una enorme bendición cada vez que realizo visita. Los niños son amorosos, aprendo con ellos, recuerdo mi infancia y, sobre todo, puedo ver la gloria de Dios en cada uno de ellos y en su proceso constante de aprendizaje y crecimiento. De igual manera, es maravilloso ver el gran trabajo que realizan los directores y los jóvenes, siempre al servicio de los más pequeños y haciendo todo para honra y gloria de nuestro Señor.

Silvia Alvares - Administradora

Blair Quinius